Ambiente y especie de mosquito determinan la circulación de malaria aviar
Un estudio de la Estación Biológica de Doñana revela cómo la temperatura, la cobertura vegetal y el tipo de mosquito influyen en la transmisión de parásitos de malaria entre aves silvestres.
Un estudio reciente publicado en Scientific Reports muestra que el ambiente y la especie de mosquito son factores clave que determinan cómo circulan los parásitos causantes de la malaria aviar en la naturaleza.
Investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), en Huelva, analizaron estas dinámicas en ecosistemas del sur de España. Los resultados indican que variables como la temperatura, la cobertura vegetal y el tipo de mosquito vector influyen directamente en la prevalencia y distribución de estos parásitos entre poblaciones de aves silvestres.
La malaria aviar, causada por protozoos del género Plasmodium, no afecta a los humanos pero representa una presión importante para muchas especies de aves. En un contexto de cambio climático, entender estos mecanismos resulta esencial porque las modificaciones en el clima y el paisaje pueden alterar los patrones de transmisión y poner en riesgo a poblaciones de aves ya vulnerables.
Según el trabajo, zonas con mayor cobertura vegetal y temperaturas moderadas favorecen la presencia de ciertas especies de mosquitos competentes para transmitir el parásito. Esto genera “puntos calientes” de infección que varían según la composición del hábitat.
El hallazgo cobra relevancia para la conservación porque permite anticipar cómo se comportará la enfermedad en diferentes escenarios ambientales. En Argentina, donde la avifauna es extraordinariamente diversa y los humedales ocupan extensiones vastas, fenómenos similares podrían ocurrir en regiones como el Iberá, los Esteros del Paraná o los bosques de Yungas, donde el cambio climático ya está modificando regímenes térmicos y de precipitaciones.
Aunque el estudio se centró en el suroeste europeo, sus conclusiones tienen valor global. Los mosquitos del género Culex, principales vectores de Plasmodium en aves, responden de manera predecible a cambios en la vegetación y la temperatura. Esto abre la puerta a modelos predictivos que ayuden a los gestores de áreas protegidas a identificar zonas de mayor riesgo sin necesidad de muestreos exhaustivos.
Los autores destacan que no se trata solo de presencia o ausencia de mosquitos, sino de qué especies están presentes y en qué condiciones ambientales se desarrollan. Una misma zona puede ser segura para ciertas aves y de alto riesgo para otras según la combinación exacta de estos factores.
Desde la perspectiva de la divulgación científica, este tipo de trabajos recuerda que los procesos ecológicos más invisibles —como la interacción entre un insecto, un parásito unicelular y un ave— pueden tener consecuencias en cascada sobre la salud de ecosistemas enteros. En tiempos de crisis climática, mapear estas relaciones se vuelve una herramienta de conservación tan importante como proteger un hábitat.
El estudio está disponible en la revista Scientific Reports y fue difundido por EFE Verde. Ofrece una base sólida para seguir investigando cómo el calentamiento global podría modificar la epidemiología de enfermedades en la fauna silvestre tanto en Europa como en América del Sur.