Clima y ambiente

9 de cada 10 latinoamericanos ven el desperdicio de alimentos como un problema clave, pero pocos lo evitan

Una encuesta regional revela una brecha entre conciencia y acción: aunque la mayoría considera relevante el desperdicio de comida, solo uno de cada diez nunca la tira. El impacto ambiental y económico es enorme.

Publicado el

Aprovechamiento de alimentos en cocina
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Un nuevo relevamiento muestra que nueve de cada diez latinoamericanos consideran importante el problema del desperdicio de alimentos, pero solo uno de cada diez declara no tirar nunca comida. La brecha entre percepción y comportamiento real pone en evidencia un desafío regional que afecta tanto al medio ambiente como a la economía.

Según el informe, esta contradicción se repite en casi todos los países de Sudamérica. Mientras la conciencia ambiental crece, los hábitos diarios siguen generando toneladas de comida que terminan en basurales en lugar de llegar a las mesas o a sistemas de recuperación.

El desperdicio de alimentos tiene un costo ambiental significativo. Cuando la comida se desecha, se pierden todos los recursos utilizados para producirla: agua, tierra, energía y emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a su cultivo, transporte y almacenamiento. En un contexto de cambio climático, reducir estas pérdidas se vuelve una herramienta concreta para mitigar el calentamiento global.

Desde el punto de vista económico, el impacto también es considerable. Las familias, los comercios y las cadenas de suministro pierden dinero que podría destinarse a otras necesidades. En países donde todavía persisten problemas de inseguridad alimentaria, el contraste resulta especialmente llamativo.

El estudio, difundido en el marco de iniciativas regionales por la reducción de pérdidas y desperdicios, busca llamar la atención sobre la necesidad de traducir la preocupación declarada en acciones concretas. Pequeños cambios en los hogares —como planificar compras, aprovechar sobras y entender mejor las fechas de vencimiento— pueden marcar una diferencia real.

En Argentina, el fenómeno no es ajeno. Diversas organizaciones y programas gubernamentales vienen impulsando campañas de concientización y recuperación de excedentes, aunque los resultados aún son parciales. El país, con su fuerte producción agroalimentaria, tiene un rol relevante en la discusión regional.

Expertos coinciden en que la solución pasa por combinar educación, infraestructura y políticas públicas. Apps de intercambio, compostaje domiciliario, donación de excedentes a bancos de alimentos y mejoras en la cadena de frío son algunas de las herramientas disponibles.

La encuesta refuerza una idea central: la conciencia está instalada, pero falta cerrar la brecha con el comportamiento cotidiano. Convertir el “me importa” en “lo hago” es el próximo paso necesario para aliviar la presión sobre los ecosistemas y los bolsillos de los latinoamericanos.

← Volver al blog