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El Gobierno francés ordenó el despliegue de 250 militares y dos helicópteros para detectar movimientos nocturnos en el pequeño pueblo de Saint-Aignan, situado en el centro del país, después de que un grupo de 50 personas armadas con hachas y barras de hierro atacaran la comisaría local, según la edición digital del diario galo Libération. Según Jean-Michel Billon, alcalde de Saint-Aignan, de unos 3.400 habitantes, se trató de un "ajuste de cuentas" entre un sector de la población y las fuerzas de seguridad, cuando la policía local abatió a tiros a un joven que había violado un control de carretera. Según fuentes policiales citadas por el diario francés Libération, existen interrogantes acerca de la muerte del joven, de 22 años, que no fueron aclarados, razón por la cual dos agentes quedaron bajo custodia. El fallecido, según algunos medios, es de etnia gitana, lo mismo que la mayoría de los asaltantes de la comisaría. En tanto, en la ciudad de Grenoble (sureste de Francia) continuaban al cierre de esta edición de ADN, los disturbios provocados por la muerte de otro joven a manos de la policía en la madrugada del sábado 17 de julio. Los disturbios se concentran en el barrio de Villeneuve, uno de los más pobres de la ciudad, donde anoche se produjeron disparos contra un vehículo policial sin registrarse heridos. La violencia en Grenoble ha dejado al martes 20 de julio, un saldo de 20 detenidos acusados de diversos actos de vandalismo y agresiones contra la policía y más de 60 coches incendiados. Continúa la tensión en Grenoble El diario español El País informó a través de su corresponsal, Antonio Jiménez Barca, que dos localidades francesas, Grenoble (Isère), de 150.000 habitantes, y la pequeña Saint-Aignan (Loir-et-Cher), de 3.500, vivieron un fin de semana de disturbios, asaltos, coches quemados e incidentes. La policía todavía las vigila de cerca los incidentes y poco a poco, las dos ciudades donde se produjeron los disturbios recobran la calma. De todos modos se registraron disparos en el barrio de Villeneuve, epicentro de los disturbios en Grenoble. Los tiros casi siempre van destinados a las fuerzas policiales. En Grenoble todo empezó cuando, en una persecución, un agente mató a Karim Boudouda, que acababa de participar en el atraco de un casino de la provincia. La noche siguiente, los jóvenes del barrio de Villeneuve, de donde procedía Boudouda, quemaron unos 80 coches y asaltaron varias tiendas en Grenoble para protestar por lo que consideraban un asesinato. Un típico caso de gatillo fácil. La policía, por su parte, emitió un informe en el que asegura que el agente disparó en legítima defensa. Mientras un fuego parecía sofocarse, otro surgía a varios centenares de kilómetros, en la pequeña Saint-Agnian, en el centro de Francia. También en este caso, la muerte de un hombre a manos de la policía, en otra persecución: Luigi Duquenet, de etnia gitana, padre de 22 años, murió de un disparo, en un incidente que todavía no fué aclarado. Unas 50 personas, entre ellos amigos y familiares de Duquenet, tomaron el centro de la pequeña ciudad, y armados con hachas y barras de hierro, destrozaron la fachada de la comisaría, rompieron ventanas, señales de tráfico y teléfonos públicos, quemaron coches y echaron abajo a hachazos varios árboles de la ciudad. También saquearon una panadería. A su vez, el gobierno francés, para tranquilizar la situación, desplegó a 300 militares por la localidad. El alcalde, Jean-Michel Billon, aseguraba que la tranquilidad había vuelto a la ciudad pero que había que mantenerse "vigilante". Cuando la calma social se pierde La agencia de noticias AFP publicó que la violencia ha vuelto a estallar en las afueras o "banlieue" de algunas ciudades francesas. La localidad afectada es Grenoble, donde manifestantes y policías llegaron a cruzar disparos. El motivo es simple pero contundente: la muerte de un atracador, de un ladrón de casinos, Karim Bouboda (27 años), abatido por el tiro certero de un agente durante una persecución. Los hechos han motivado una investigación interna de la Policía y han obligado al ministro de Interior, Brice Hortefeux, a deplazarse hasta la ciudad del este de Francia. Bouboda falleció a la salida de un golpe en el complejo vacacional de Uriage-Les-Bains, pero era vecino del barrio de Villeneuve, donde la tensión fue creciendo durante toda la semana pasada. Poco contribuyeron a calmar los ánimos las palabras del Fiscal de la República, Jean Philippe, al señalar que los hechos habían sucedido en "legítima defensa" de los agentes de policía. Un problema más para el presidente Sarkozy, que viene ya bastante complicado en su gestión por el caso L´Oreal, donde se lo acusa de corrupción en la obtención de fondos para financiar la campaña política que lo llevó a ganar las elecciones en su país. Según testigos de los incidentes, grupos descontrolados de jóvenes asaltaron autobuses y un tranvía armados con palos e incendiaron numerosos vehículos. Posteriormente, uno de los participantes inició los disparos contra los agentes de policía movilizados, quienes respondieron hasta con varias ráfagas de disparos de fuego real (no balas de goma) para dispersar a los descontrolados y "preservar su seguridad", según una fuente policial. Las fuerzas del orden han contabilizado entre 50 y 60 vehículos incendiados, además de dos comercios. Dos jóvenes de 17 y 18 años han sido arrestados e interrogados en relación con estos hechos. Otros tres, todos de 20 años, están acusados de "intento de robo en tiendas", según fuentes judiciales. Mientras tanto, el ministro de Interior insistió en que la prioridad ahora es "reestablecer el orden público y la autoridad del Estado" lo más rápidamente posible. El Gobierno francés quiere evitar así a toda costa que se repitan incidentes como los de otoño de 2005, cuando la muerte de dos adolescentes en un barrio de la periferia de París derivó en varios días de violentos enfrentamientos entre fuerzas del orden y grupos de jóvenes descontrolados. Volver al orden público En París viven dos millones de personas. En la banlieue, o periferia, nueve millones más. La parte noreste, el departamento 93, denominado la Seine Saint-Denis, es la más desfavorecida. Un buen ejemplo es Clichy-sous-Bois, la ciudad más pobre de todo ese departamento, con un desempleo del 45%. La crónica del diario El País es precisa: "en la mitad de las familias de esta zona no ingresa lo suficiente como pagar impuestos. Es al revés: buena parte de ellos viven de las prestaciones sociales. Hay adolescentes que no han visto nunca trabajar a sus padres, subsidiados desde siempre, con una pensión que ronda los 300 euros al mes por persona. Las clases medias, franceses de origen francés, desaparecen, desertan de este tipo de ciudades por miedo, por aburrimiento o por sensación de soledad. "La verdad, yo no sé por qué nos vamos, pero nos vamos: huimos de aquí", confiesa, con un notable sentimiento de culpa que le salta a los ojos, un profesor de un instituto de enseñanza media, miembro del sindicato CFDT: "Nos vamos los profesores, los funcionarios, los médicos, el empleado del correo, venimos por la mañana, trabajamos, ganamos nuestro sueldo, y luego, por la tarde, volvemos a nuestra casa, que está en otro lugar. Y ellos, nuestros alumnos, las personas que atendemos, se quedan. Con la sensación de que los abandonamos." "¿Que por qué quemamos coches? Para que se fijen en nosotros, porque es la única manera de decir que estamos hartos de vivir así", comenta Benarama Bourama, de 16 años, de origen senegalés, sentado a la puerta del edificio pobrísimo donde reside. Sus amigos, todos de origen magrebí, senegalés o malinés, asienten, diciendo "Es la única manera de que alguien de fuera venga aquí. Antes no venía nadie nunca", añade. El ex alcalde de la ciudad, Olivier Klein, sostiene que la situación ha cambiado poco desde octubre del 2005: "Queremos que se construya una línea de tranvía que conecte con París, porque es muy complicado salir de Clichy-sous-Bois y si alguno de nuestros jóvenes encuentra trabajo necesita una hora y media para llegar". Y agrega: "También hay un proyecto para demoler varios bloques de viviendas de 10 pisos de la peor zona, el barrio de La Forestiere, y construir en su lugar casas de cinco o seis plantas. Pero para eso hará falta dinero del Estado, porque este Ayuntamiento es muy pobre". Klein señala a El País que: "Hay dos maneras de actuar en un gueto: una es tenerlo controlado, con policías. Otra es pugnar para que desaparezca. Jacques Chirac en 2005 prometió muchas cosas: medios, dinero que aún estamos esperando. Pero además prometió algo mucho más importante: que todos los jóvenes nacidos en Francia se iban a sentir hijos de La República. Salga a la calle y pregunte: en eso Sarkozy también nos falló". Samir Benharzallah y Rachid Rhenzour tienen 18 años. Son africanos, argelinos, y hablan de los disturbios: "Habrá más", dicen. "Y será la guerra civil", añade Bouzidi. Los dos estudian y uno tiene cinco hermanos; el otro, cuatro. Qué expectativa de desarrollo tienen en la Francia de Sarkozy? Por ahora, ninguna.
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