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Por Jesica Caballero
En el país se vive un crudo invierno con temperaturas bajo cero que ya se han cobrado varias vidas en lo que va del año. Hipotermia e incendios o inhalación de monóxido de carbono, producto de las estrategias que utilizan las personas de menores recursos para calefaccionarse han sido los causales más frecuentes de estos últimos fríos días y polares noches. En Rosario la situación no es ajena a lo que ocurre en resto del país. Se calcula que entre 100 y 120 personas viven de manera permanente en la calle y a diferencia de lo que cree la mayoría, muchos de ellos no quieren abandonar la vía pública. La municipalidad de Rosario mediante el programa de asistencia e intervención directa “paid” perteneciente a la secretaría de Promoción Social atiende la demanda de los ciudadanos en situación de vulnerabilidad. Diagnostican, categorizan y evalúan las distintas alternativas de intervención pero deben respetar el derecho individual si el afectado quiere continuar en ese entorno, salvo que este en riesgo su vida. Pero lo más preocupante es la gran cantidad de adolescentes que están siendo registrados en ésta condición y temen que los niños que hoy están pidiendo monedas o hacen malabares en los semáforos, limpian vidrios o deambulan por el centro solicitando una colaboración, quienes serian las posibles personas sin techo de mañana.
En la Calle Entre este centenar de excluidos, conformado en general por varones, no todos están precisamente desocupados. Las circunstancias son dispares, muchos de ellos ni siquiera anhelan un techo o una dirección fija. Desde el organismo municipal “paid” aseguran tener un relevamiento constante de las personas y que el 90% de quienes viven en situación de calle ya están registrados por ellos. “Creamos un vinculo con el centro de salud más cercano y después, tratamos de reconstruir sus lazos familiares para intentar la reintegración aunque en la gran mayoría de los casos están atravesados por una patología mental” aseguró una de las profesionales integrante del programa y agregó que “No trabajamos con el que se quedo transitoriamente sin techo, apuntamos a la persona que desarrolla toda su vida en la calle”. Su objetivo es reincertarlos en la sociedad pero no siempre es tan fácil. Antes esta población era de adultos con problemas de alcoholismo pero hoy la gran mayoría son jóvenes que padecen problemas de adicción, en algunos casos fue el desencadenante que los llevó a esa circunstancia de vida y en otros la adicción comienza a partir de la realidad en la que se hallan. Hay gente que estuvo en muy buena posición económica, perdió todo y por eso decide pasar sus días en vía pública, no puede superar lo que le pasó pero tampoco considera la posibilidad de ir a vivir a una casa nuevamente, es a partir de este contextos que los profesionales del programa de asistencia entienden que es lógico que no tengan interés en contarles su vida personal y se les haga más difícil acercarse a ellos. Diferente es si el afectado en cuestión posee un problema de salud en el que está comprometida su vida, si no quiere movilizarse voluntariamente se hace una presentación judicial para sacarlo de su situación de calle.
Supervivencia Para poder sobrevivir buscan todo tipo de alternativas que les permita ganar al menos unos pesos para sobrellevar el día a día. Algunos se sustentan rebuscándose como cuidacoches, otros son ayudados por vecinos que le guardan la ropa, se la lavan y se las dan limpias. También están aquellos que tienen sus ingresos pero de todas maneras no les alcanza para pagar ni un alquiler mínimo (una pieza de pensión $600) mucho menos el de una casa en la que además necesitan garantías propietarias, recibos de sueldos, etc. En general se ubican en el centro ya que allí hay más oportunidades de sustento y los lugares más elegidos para pernoctar son los espacios verdes donde pasan más desapercibidos y tienen menos posibilidades de ser molestados. Las Plazas: Montenegro, Pringles, San Martín, Sarmiento, López, el parque Nacional a la bandera y la terminal de Ómnibus son los lugares de la ciudad que registran más moradores permanentes. El secretario de Promoción Social municipal, Raúl Capilla, afirmó que durante estos días de bajas temperaturas los indigentes son asistidos con comida y frazadas y se les ofrece pernoctar en centros de noche pero que muchos no quieren dejar la vía pública. Un número considerable de ellos son fluctuantes, algunos van cambiando de lugares, unos se van, otros vuelven. Pero aquellos que se dejan ayudar tienen la posibilidad de ser derivados a diferentes centros. Para los mayores de 60 años la ONG de rehabilitación de marginados REMAR posee un lugar especial en Rueda al 900. Un derecho al que solo pueden acceder aquellos que ya fueron relevados con anterioridad, ya que algunos iban a pedir un subsidio por tres meses para una pensión y en realidad no vivían en la calle. Por otra parte actualmente, las personas sin hogar también son destinadas al Refugio Sol de Noche (Pasaje Marconi 2040), al Hogar Provincial de avenida Juan Perón y Provincias Unidas y a Remar (Buenos Aires 1415).
En la ciudad “Si el estado municipal no actuara habría diez veces más casos de gente en la calle; lo de las plazas céntricas es quizás lo que más se ve, pero puedo asegurar que el municipio no está ni desinformado ni ausente y el programa de atención y prevención directa está al tanto de los casos que van apareciendo” comentó Fernando Asegurado, secretario de Gobierno de la municipalidad que también estuvo a cargo de Promoción Social. Algunos casos han tomado trascendencia como los de las personas que se alojaban en la parte trasera del Centro Cultural Bernardino Rivadavia, en la Plaza Montenegro. Durante bastante tiempo se instalaron con colchones, cartones y numerosos perros, pero una serie de denuncias de los vecinos por tumultos e inseguridad hicieron que intervenga la Policía y la Gum y los desalojara. En barrio Santa Lucía hay un señor que duerme en la parada de colectivo pero lo conocen hasta en el centro de salud. En la zona de la terminal un señor vivió por años y una vecina le guardaba y suministraba sus medicamentos, ahora vive en una pensión subsidiada por la secretaría de promoción social. Otro caso particular es el de la mujer que habita la plaza San Martín, ella no está de acuerdo en dejar ese lugar a pesar de que se le ofreció asilo en el Hogar español e incluso la cancillería española le extendió la ciudadanía de ese país. De todas formas, aconsejan tener cuidado porque su traslado compulsivo solo serviría para agravar su salud mental. La solución más recomendada es visitar a la persona periódicamente para tratar de persuadirla y lograr que deje las calles por su propia cuenta.
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