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“Es sinónimo de casi todos los momentos tristes de nuestro crecimiento escolar. Los peores enemigos de la matemática somos nosotros los docentes, porque no logramos despertar en los jóvenes que tenemos enfrente la curiosidad mínima para poder disfrutarla.
La matemática tiene una belleza infinita, la magia de poder pensar, de seducir mostrando lo que se ignora, de desafiar a la mente, pero si las personas que la tienen que disfrutar no la pueden ver, la culpa es de quien la expone.”, sostiene el periodista y matemático en su libro “¿Matemática…estas ahí?”, demostrando sus intenciones de modificar exposiciones cuando no se logra el resultado esperado.
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