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Binner: la política de la prudencia

El triunfo de Bonfatti en la interna socialista convalida la proyección nacional de Binner, y así también, los desafíos del gobernador para construir una alianza de gobierno alternativa con otras fuerzas políticas hacia octubre de 2011 y, sobre todo, hacia el 2015.

 


Hermes Binner es el centro de todas las sinergias políticas de la oposición al kirchnerismo. Muchos, entre ellos el propio Ricardo Alfonsín, han declarado que su decisión es definitiva ya sea para el armado de una alianza donde se baraje la fórmula Alfonsín- Binner o Binner-Alfonsín, o bien donde radicalismo y socialismo vayan separados lo que, a pesar de las desavenencias entre ambos, parece poco probable.
No hacía falta, sin embargo, que ganara Bonfatti la interna del partido socialista en Santa Fe para que Binner se convirtiera en una figura nacional. Esta batalla, en cambio, fue importante al interior del partido porque define el tipo de decisiones que van a primar de aquí al futuro con el resto de los actores políticos.
Binner es una figura nacional. Ya el conflicto con el campo lo había mostrado como uno de los gobernadores que presentaron alternativas para equilibrar los “excesos” de la 125 en una provincia donde el sector agrícola es vital. Más aún, fiel a su estilo mesurado, evitó ponerse de punta con el gobierno nacional, lo que ha demostrado ser una virtud política para representar una propuesta alternativa.
Es que en épocas del “huracán” kirchnerista sólo sobrevivirán quienes se mantengan al margen de su capacidad de absorción centrífuga y quienes eviten la política amigo - enemigo que, por una extraña dinámica, ha beneficiado siempre al oficialismo.

“Mañana no, es un proceso” o la política de la prudencia
Con inteligencia, Binner no participa de la ansiedad política de los principales referentes radicales que ya están denostándolo por su participación en Córdoba del lanzamiento de Luis Juez y por su rechazo a sumar a de Narváez.
Hay una diferencia de tempo entre el radicalismo y el socialismo que es clave para hacer todo tipo de análisis. Binner, como se sabe, siempre sostuvo que primero era imprescindible ganar la interna con Bonfatti, y ahora con este mismo espíritu, decimos nosotros, falta que gane la provincia.
En efecto, Binner no desconoce que la imagen de la presidenta, en alza, arrastra con fuerza los votos hacia el sector de Agustín Rossi y que las peleas mediáticas pueden debilitarlos frente al consenso que prima en el kirchnerismo.
Es un dato como para ir paso a paso. Por lo demás, lo ha dicho muchas veces, Binner no quiere repetir la experiencia de la Alianza de Fernando la Rúa. Esto significa que su concepción frentista aspira a construir una alianza programática de partidos y no una alianza meramente electoral. Se entiende, una alianza que tenga un programa de gobierno en común, en base a un sustrato ideológico similar, y que pueda sostener en el futuro una legitimidad de ejercicio en el gobierno.
Pero los tiempos apremian sobre todo para los radicales. El cierre de listas para presentar fórmulas cierra el 14 de julio, un mes antes de las preinternas nacionales mientras que las elecciones a gobernador en Santa Fe son el 22 de julio.

De Narváez, es o no es
Aparentemente, la gran diferencia en el armado con la UCR es Francisco de Narváez. El socialismo no aprueba una alianza con su sector en la provincia de Buenos Aires, por lo menos en el tramo de pre internas nacionales. Para colmo, el radicalismo sigue sosteniendo esa posibilidad a viva voce lo cual no es muy estratégico que digamos.
Aquí se enfrentan consideraciones ideológicas o teóricas –como dice Binner- con consideraciones pragmáticas. Como expresó Gerardo Morales "no hay posible acuerdo nacional si no hay competitividad en la provincia de Buenos Aires". Este es un hecho objetivo de la política argentina tal como lo impone la concentración demográfica en Capital Federal y provincia de Buenos Aires. Hay que ganarlas para pensar siquiera tener éxito a nivel nacional. Sin embargo, es posible que haya otra salida diferente a de Narváez; un acercamiento a otras fuerzas políticas supuestamente más cercanas a ese marco teórico mínimo común entre el radicalismo y socialismo: de ahí la insistencia de éste a un armado con de Gennaro, Luis Juez, el GEN y Proyecto Sur.
La experiencia del Frente Progresista Cívico y Social de Santa Fe puede reeditarse a nivel nacional pero hay que jugar allí de otra forma, con otros tiempos, y lidiando con una estructura política en recuperación como es la UCR. Un partido que, a diferencia del socialismo –y esto es crucial- ha gobernado la Nación en dos oportunidades desde el advenimiento de la democracia y que ha contribuido a formar la dinámica bipartidista de la Argentina, con todas las virtudes y defectos que esto implica.
En este sentido, vivimos un tiempo interesante de recomposición de los partidos políticos a pesar de la “dispersión” de las personalidades en la oposición. La posibilidad siquiera de alianza entre Alfonsín y Binner, referentes de dos partidos centenarios y de afianzadas tradiciones identitarias es alentadora más allá de que lleguen realmente a constituirla.
El modo en que resuelvan la cuestión de “de Narváez” y el modo en que el radicalismo acepte convivir con una pluralidad de fuerzas políticas medianas y pequeñas –superando la lógica binaria, caduca- será definitorio para la posible mancomunidad entre ambas estructuras.

La posta es 2015
La proyección nacional de Binner depende de los resultados del 2011 en Santa Fe – para mejor negociar- así como, esencialmente, de su propia capacidad para construir una alianza política con el radicalismo o en su defecto con otras fuerzas políticas. En este sentido, su proyección nacional depende de su liderazgo al interior del socialismo.
Las presidenciales de este año en sus dos etapas de agosto y octubre son una primera prueba, cuyo destino final es el 2015. Es hacia esa meta que hay que construir prudente, pero consistentemente, un acuerdo con el radicalismo y evitar que la ansiedad/voracidad licúe un capital político –la capacidad de generar alianzas- muy difícil de reconstruir una vez implosionado.
Es en este sentido que decíamos que Binner construye paso a paso y con prudencia. No es significativo en 2011 si él es el primero o el segundo de una fórmula con el radicalismo o si va sólo con su propio armado. El quid de la cuestión es mantener lo que se acumula, construir mirando hacia el futuro para convertirse en una propuesta fehaciente frente al kirchnerismo.
Y así, de paso, revitalizar un sistema de partidos democráticos, preparar a los futuros dirigentes, recomponer las místicas partidarias y recuperar un debate de ideas plural donde prime la palabra política.


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