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Cuando se entra en una inmobiliaria se nota en la cara de las personas que concurren, gestos de malhumor, dolor, bronca y en algunos casos resignación.
Los inquilinos levantan sus voces protestando por lo que pagaba mensualmente y lo que le piden actualmente, mientras que los propietarios tratan de “acordar” con los ocupantes o simplemente buscan que otra persona pague lo que ellos están pidiendo. Salarios sin poder adquisitivo, que en muchos casos solamente sirven para pagar un alquiler y créditos caros o que son inaccesibles para un trabajador de clase media, son el verdadero obstáculo para el acceso a la “casa propia”, que afecta a un gran número de personas de la comunidad santafesina. Y es en esta dirección donde se deben orientar las políticas oficiales, y es allí, precisamente, donde el gobierno exhibe su orfandad o su falta de involucramiento.
Nota completa Semanario ADN
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